lunes, 15 de mayo de 2017

CAPÍTULO I

Día 1
Es tan patético, pienso mientras intento comer algo de esta pasta que sabe extraña. No debí dejarla toda la noche sin refrigeración, pienso y vuelvo al primer monólogo. Es tan patético. Faltan aún dos horas para salir de este trabajo que desde hace dos años odio. No puedo creerlo. Pa-té-ti-co. No sé ni siquiera qué cosa me causa. Pero hace que me duela todo el lado izquierdo del cuello. Hace tiempo que me duele el lado izquierdo del cuello. Miro de nuevo las redes sociales. Recuerdo ese poema de Jesús y quiero llorar pero aún falta algo de tiempo para salir de este trabajo que desde hace dos años odio. Repaso y repaso cada imagen tratando de encontrar algo. Ahí!!! Grito desenfrenadamente. Ahí! Que extraño, habrá sido inconsciente? No, quizá no vio que alcanzaba a salir mi libro en esa fotografía. Qué irónico. Casi diez años juntos y justo el día que fuimos a firmar el acta de  divorcio le regalé mis libros. Sin embargo el que se alcanzó a colar en la fotografía es justo el que le di siendo aun novios. 

- No sé por qué nunca tomaste un ejemplar. Siempre estuvieron ahí, en el estudio - fue lo único que atiné a decir después de subirme a su auto y cerrar la puerta

- No eran míos- contestó mientras manejaba en silencio hacia Ciudad Judicial. No me volteó a ver. 



- El lado izquierdo del cuello nos indica un desgaste de salud emocional, te recetaré algo de medicamento y esperemos que disminuya y que con eso puedas dormir - dijo el médico

Minutos más tarde y sin casi percibirlo ya estaba de nuevo frente a estudiantes explicando de manera desganada el género dramático. Hace cuánto tiempo le perdí el interés a casi todo? 
- Ya terminaron? - es lo único que repito frente a mis alumnos que desinteresados en la literatura miran sus celulares, platican, se duermen, se agarran la cara, hablan de esa niña que se aventó del segundo piso de su secundaria, bostezan. Con una maestra como yo, cualquiera lo haría. Yo lo haría. No me motivaría escuchar un rostro triste explicando la existencia de un conflicto en una obra de teatro. Sueño. Eso me daría.
Una hora más. Solo una hora más. Repaso mi agenda para ver todos los pendientes que tengo y todos son la suma de lo postergado. Mi padre solía decirme que no fuera tan decidiosa, que acabara todo lo que empezaba. Lo único que realmente terminé (y qué forma de terminar) fue con el amor que Él y yo nos habíamos jurado frente al altar. 
Una noche, después de muchos tragos, mi mente se fue a aquella tarde en la que descubrí que me había sido infiel. Estaba sola frente a mi laptop. Sola frente a ese email en donde él lo contaba todo. Jamás te perdonaré. Te voy a hacer la vida imposible. Lo repetí hasta que me cansé de llorar y decidí salir por una botella con whisky



- Por qué no puedo dejar de beber? - le pregunté a mi psicólogo 

- Es un hábito que tienes desde hace más de diez años 


Esa tarde, después de leer ese correo electrónico en donde se lamentaba haber estado con otra, comenzó mi adicción por el alcohol.



3:19 

Unos minutos más. No sé si iré caminando a casa o tomaré un taxi. El sol en la ciudad cada vez es menos soportable. He decidido utilizar protector solar en lugar de crema humectante, aun así mi piel se ha deteriorado entre el clima, la contaminación, el estrés y sí, el alcohol. 
Tengo, milagrosamente, casi tres meses sin beber. No se imaginan lo diferente que es el dolor cuando no estamos anestesiados. 



4:20

No puedo dejar de tararear a Yaël Naïm

Día 2

1:37

No falta mucho para que empiecen las lluvias, le digo a Oswaldo mientras  vemos una fotografía que va hacia el Nevado de Toluca. Silencio. 

- Y se pone más bonito- dijo- más verde. 
- Y huele- contesté. 



Todas las lluvias tienen un significado diferente. Recuerdo tres en particular: La primera cuando era niña, mamá me tomó de la mano para atravesar 8 de julio y Mexicaltzingo, llovía, cayó un rayo tan estrepitoso que me solté de mamá y corrí como gato asustado por la avenida. La segunda, cuando él y yo corrimos hacia nuestro auto rojo que estaba estacionado en la plaza, llovía tanto... Todo estaba tan empañado: hicimos el amor en el asiento de atrás. Y tres, la lluvia de una madrugada de agosto del año 2011, esa misma noche me anunciaban que había ganado una beca literaria y que papá, sí, que papá tenía cáncer.  


Día 3 
Cuando mamá enfermó yo tenía meses de nacida. Dicen que es algo químico, pero siempre he creído que mamá lo que tiene es una tristeza profunda provocada por todas las ganas de hacer lo que nunca hizo y ya nunca podrá hacer porque ya tiene más de sesenta años y la vida no se repite. No se repite. Hace tiempo escuché a mamá decir que ella hubiera querido estudiar enfermería, pero que en casa no la dejaron. También la he escuchado decir que hubiera querido estudiar música. Desde que recuerdo mamá toca un instrumento musical, la recuerdo primero con guitarra, después con violín y ahora con el piano. Hubiera querido heredar esa facilidad para agarrar los instrumentos y hacerlos brillar. Quizá por eso se me dio, hasta cierto punto, lo de la escritura. 

Día 4
De la escritura tengo vagos recuerdos. Siempre, o casi siempre, la pregunta ¿desde cuándo escribes? es de cajón en una entrevista de radio o de televisión o de cualquier otro medio. Casi nunca sé contestar porque creo que no fui consciente del tiempo exacto (en realidad casi nunca soy consciente de nada) Me recuerdo escribiendo en mi habitación de la calle Carlos Pereyra, tendría menos de ocho años porque a los ocho años nos mudamos a esa calle en donde papá agonizó para después morir. Tendría entonces, yo, menos de ocho años. Me recuerdo con una libreta rosa pequeña, muy pequeña, de ese personaje infantil que en aquellas épocas abundaba en todos lados y que toda niña tenía algo de ella: Rosita Fresita. Creo que mamá la había comprado en una casa de esas que ponían afuera una mesa con cosas americanas y dulces americanos y que vendían por la tarde, después de que salía del Colegio y visitaba a mi abuela materna: mi abuela Elvira. 

Día 5
Después de 11 años he logrado cambiar de plantel. Seguiré trabajando para el mismo Colegio, pero ya no tendré que ver a A.

Día X
Nuestra historia terminó justo en el mismo lugar en el que todo comenzó. A veces lo recuerdo y era claro: él lo había planeado. Sabía que cerraba la historia. Sabía que todo había llegado a su fin.

*
Desde ese día no volví a pronunciar palabra alguna. No podía dejar de llorar. Era algo parecido a la afasia. Solo él y yo sabíamos cuáles habían sido mis últimas palabras, pero esa misma noche él se fue enfadado y, tras cerrar la puerta de la casa que compartíamos, se llevó consigo todos mis diálogos. Nadie sabe exáctamente qué ocurrió porque, aunque me han dicho que lo escriba, no puedo hacerlo. Me limito a comunicarme de esa forma pero no puedo escribir lo que pasó esa noche. Puedo hacer todo, me han hecho miles de pruebas y puedo hacer todo: ir al super, bañarme, correr, subir las escaleras de la casa, comer helado, ir al parque, puedo hacerlo todo pero todo lo hago llorando.

*
Papá dijo que cumplidos los dos años podía volver. Se lo dijo a la chamana. Se lo dijo una semana después de morir. Me lo dijo ella mientras yo prendía una vela sobre un plato con agua y azúcar. Una vela que tenía escrito con mi puño y letra su nombre. Una vela que tenía que durar nueve días así, prendida, para que papá encontrara el camino. Papá murió el 11 de agosto del 2015. Espero ansiosa su llegada. Le preguntaré si allá también hay aves y agua y columpios. Quiero saberlo todo.

Nunca sabré si lo que mamá me dijo esa tarde, mientras viajábamos en coche, es verdad. Lo he buscado en distintos sitios de internet, en varias bibliotecas y les he preguntado a muchos amigos que están inmersos en estos temas: nadie me ha sabido decir. Mamá me contó acerca de una filosofía en donde se cree que cuando te divorcias en tu siguiente vida volverás a encontrarte a esa persona y te volverás a unir a ella para hacer "bien" lo que en esta vida no hicieron bien.
- No te pongas triste - me dijo
Y entonces recordé aquella tarde en donde le dije a él que quería aprenderme de memoria su cuerpo
- Para qué?
- Espera - le dije, y con mis manos recorría lentamente su cuerpo desnudo. Me detuve en esa cicatriz de su espalda y con la punta de mis dedos la delineaba. Cerré los ojos y trataba de ver su cicatriz a través de mis manos
- Espera. Quiero aprenderme de memoria tu cuerpo y sus cicatrices
- Para qué?
- Para encontrarte en otra vida

Cuando mamá me contó sobre esa filosofía cerré los ojos y con mis manos vi su cicatriz. Nos habíamos separado dos años atrás y había olvidado muchas cosas, pero su cicatriz no.


A pesar de todo, tendría que nombrarte en todas las lenguas para que evocarte fuera más preciso. Para que en la pronunciación de tu nombre mi lengua ardiera mil veces y yo temblara de nuevo, aunque ahora no me veas, aunque ahora esté tan lejos de ti"
(Fragmento)

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